"Todos los días tienen su complicación, sus problemas, pero solo por ver la cara de satisfacción de nuestros clientes, merece la pena seguir en este trabajo, querer continuar al pie del cañón". Así se expresa Alfredo, el alma mater de Criado. Siempre con su camisa azul clara de puños y cuello blancos, el propietario de los restaurantes Criado recorre decenas de kilómetros cada día sorteando las mesas de su restaurante de la calle López de Hoyos.